No es solo la economía, estúpido

Cuando los españoles dieron la mayoría absoluta al PP en noviembre de 2011 esperaban un Gobierno que les sacudiera la crisis y trajera la ilusión a un país que ya se encontraba en avanzado estado de descomposición. Una tasa de desempleo desbocada, una economía en retroceso y una inmensa sensación de hastío con el PSOE y su gestión económica provocaron el masivo apoyo a un gobierno popular que se presentaba como el único capaz de evitar la caída de España en el precipicio.

Los españoles pensaron que con un Ejecutivo con Rajoy a la cabeza la economía mejoraría, aunque ello implicase importantes sacrificios iniciales. Porque creyeron a un PP que les prometió que el país saldría adelante; que sería duro pero posible. Lo que no pensaron muchos de esos ciudadanos era que había una penitencia que pagar por todo ello.

No es solo que el Partido Popular esté sometiendo a los españoles (y especialmente a sectores de la población como funcionarios, mayores, dependientes o inmigrantes) a situaciones que no imaginaron. Se trata de que los populares están desplegando toda su artillería ideológica a través de medidas probablemente repudiadas por muchos de los que los votaron solo por razones económicas: la segregación por sexos en las escuelas, la modificación de la Ley del Aborto, la irrupción en RTVE de periodistas afines, la vuelta de los toros a la cadena pública…

Gran parte de los ciudadanos que les dieron su confianza en las urnas, muchos alejados, y otros incluso contrarios al modo de hacer política representado por la derecha, se encuentran ahora ante una realidad mucho peor de la que hubieran podido atisbar. Y así, esos ingenuos votantes asisten al retroceso en diferentes logros sociales que creían consolidados y a la apertura de debates sobre cuestiones que ya entendían superadas. Lo peor, que todo esto se está produciendo sin que ni si quiera vean vías de recuperación al leitmotiv que impulsó su voto: la economía.