Apoyo a una compañera periodista

El triste suceso ocurrido el viernes pasado en La Palma, en el que una joven de 27 años era supuestamente asesinada por su pareja tras ser rociada con gasolina y prendida fuego, ha conmocionado a la isla y a toda Canarias.  Pero este artículo no se centra en este repugnante caso de violencia de género en sí, sino en una historia colateral que ha generado cierta polémica.

Un periódico de tirada nacional publicaba al día siguiente una fotografía en la que la víctima aparecía junto a uno de los bailarines de la Danza de los Enanos. Una instantánea que fue tomada la noche antes del crimen. El diario decía en el pie de foto que ese bailarín era su pareja, y por tanto, los lectores deducían que se trataba de su asesino. El enfado se propagó rápidamente entre los palmeros, y como es lógico, llegó hasta el propio afectado. El diario, que ha asumido el grave fallo cometido, publica hoy una apropiada rectificación, algo obligado por las más elementales normas de ética.

Como suele ser habitual, en las redes sociales se han extendido los comentarios (comprensibles por otra parte) acerca de ese error. Pero entre las muestras de indignación general se han colado opiniones de otros periodistas señalando directamente a la redactora que firma la información como responsable inmediata del mismo, insinuando algunos además que se puede enfrentar a acciones legales por parte del afectado. De modo que es necesario hacer algunas matizaciones.

Esos periodistas que cargan contra la redactora contravienen la primera norma que nos enseñan en las facultades de Periodismo nada más empezar la carrera: hay que contrastar, contrastar y contrastar la información. Por lo que se ve aquí, nadie lo ha hecho antes de acusarla.

Se quejan los que pretenden meter el dedo en el ojo de la compañera de que la información ha provocado un linchamiento del joven bailarín, a quien se sabe que no solo se le han pedido disculpas a través del mismo medio de comunicación sino personalmente. Sin embargo, asistimos a otro linchamiento: el que estos mismos justicieros de las redes sociales practican contra la periodista sin haberse dirigido a ella para preguntarle (para contrastar, contrastar, contrastar). Entre un caso y otro existe nítida línea divisoria: en el primero se trata de un error involuntario; en el segundo, no. Da la impresión de que se busca hacer daño al mencionarla con nombre y apellidos.

No me sorprende que esto se produzca. Las redes sociales se prestan a este tipo de comportamientos en los que basta que alguien encienda una llama para que una información, acertada o no, se propague como la pólvora. Sobran las reacciones impulsivas y escasean las meditadas. Todos cometemos errores a diario, los veo continuamente en los medios de comunicación. El principal rasgo que diferencia a unos profesionales de la comunicación de otros es simple: los de verdad, cuando se equivocan, lo asumen y piden disculpas sinceras.

¿Es posible otro periodismo?

La plataforma Periodismo Ético Ya ha elaborado un manifiesto en el que reivindica diez puntos básicos que deben orientar el ejercicio de la profesión periodística. Es una de las primeras grandes conclusiones relacionadas con el movimiento del 15-M, con lo que de entrada quedan minimizadas, al menos en parte, las críticas que he oído estos días –lanzadas desde algunos medios de comunicación- sobre el punto débil de los acampados: la dispersión de ideas y la ausencia de propuestas concretas. Bueno, pues ya las hay.

Leyendo el manifiesto no parece que nadie pueda estar en contra: en él se reclaman cuestiones de sentido común. Ojalá sirva de algo, pero tengo la impresión de que recoge ideas que, en la práctica, encontrarán grandes dificultades para ser desarrolladas, aunque no pierdo la esperanza y dejo de antemano dicho que apoyo desde el principio el movimiento del 15-M.

Reclamar cobertura de contenidos informativos que sirvan al ciudadano a entender el mundo está bien, pero el medio de comunicación no deja de ser una empresa en la que, si hay áreas que no le generan beneficios, irá dejando sin cubrir. ¿Qué solución le queda? Lo mismo que la difusión de propaganda o publicidad encubierta, algo que siempre ha existido y que difícilmente desaparecerá. Es más, nos encontramos incluso con la publicidad gratuita y no solicitada ni pagada, como la que hacen del IPhone o IPad los medios (y ahora yo mismo), de los que se escriben cientos de artículos cada día con coste cero para Apple y muchos beneficios para la marca de la manzana. ¿Qué hacemos? ¿Cómo acabamos con eso?

Apoyo plenamente propuestas como la de garantizar la presencia de medios alternativos, que señala el manifiesto que es fundamental, por supuesto. Pero el problema es que nadie asegura que sean efectivamente independientes. Lo serán algunos, pero muchos otros, como ocurre con los grandes, estarán influenciados por quién les financie. Pongo un ejemplo que vale para unos y otros. No hace mucho escuché a un ex director de un periódico decir: “¿Cómo voy a meterte con alguien (político por ejemplo) con quien, además de sufragarme una campaña de publicidad en mi medio,lo he tratado tanto en lo personal que ya casi no me siento en condición de traicionarle?” . Me temo que eso ocurre con los medios más grandes y, de la misma forma, con los menos grandes. Sólo se salvarían casos como el de Wikileaks.

Parecidas consideraciones se pueden plantear a otros puntos, bienintencionados aunque desde mi punto de vista poco realistas. Establecer límites a la concentración de medios quizá no tenga tanto sentido en la era de la comunicación por Internet y redes sociales, donde quien lo desee puede informarse a través de un periódico alternativo o blog de turno (espero que uno de ellos sea este). Y de acuerdo sin reservas a la no privatización de los medios públicos, pero con un modelo más parecido al de la BBC, auténtico ejemplo a seguir, y a que se garantice el acceso a la información pública.

Las demás aspectos del manifiesto, como el rechazo a la precariedad laboral de los profesionales de la comunicación, lo suscribo plenamente, porque resulta lamentable nutrirse solo de becarios y prescindir de los periodistas más mayores. También soy favorabe a que exista un verdadero Estatuto del Periodista, lo mismo que un Código Deontológico que asegure la buena práctica informativa o un mayor desarrollo de la cláusula de conciencia.

Verermos la aplicación práctica de este manifiesto y hasta qué punto los medios lo acogerán como propio. Yo, de todos modos, y con la esperanza de que llegue lo más lejos posible, he firmado.

 

¿Están desaprovechados los presentadores de informativos?

Matías Prats. Antena 3Todos vemos programas informativos en televisión. Y cada uno de nosotros prefiere que las noticias se las cuente un presentador frente a otro: por su tono de voz, porque le aporta fiabilidad y credibilidad o porque, simplemente, es atractivo/a. Pero a veces, especialmente en aquellos profesionales de más larga trayectoria, dan la impresión de estar desaprovechados como periodistas, al limitarse cada día a escribir entradillas –que en algunos casos son escritas por los propios compañeros que elaboran las informaciones- y leerlas ante la cámara, eso sí, de forma impecable. Independientemente de las simpatías y fobias de cada espectador, ¿no apetecería a la audiencia ver a Matías Prats moderando un programa de entrevistas? ¿O quizá a Ana Blanco en una tertulia? Lo mismo cabría decir de Pedro Piqueras o Hilario Pino, por poner sólo dos casos más.

Porque al limitarse exclusivamente a locutar, la profesión de periodista queda en ellos coja. No hay casi búsqueda de información más que algún dato esporádico; no hay llamadas telefónicas o entrevistas a fuentes informativas; no hay investigación; no hay trabajo de campo en la calle. Evidentemente toda esa es labor de los redactores. Pero entonces viene la otra parte: tampoco varían de género informativo, y no hacen –salvo contadísimas excepciones- entrevistas, ni dirigen debates ni tertulias, ni realizan documentales o reportajes.

La cuestión es que todos, o casi todos, están más que capacitados para hacer otras cosas, y no cabe duda de que lo harían tan bien como ahora presentan. Un ejemplo es el del propio Matías Prats, cuando el 11 de septiembre de 2001 estuvo al frente del especial que se emitió en Antena 3 tras el atentado de las Torres Gemelas de Nueva York. Ahí pudimos ver a este periodista en plena vorágine informativa, en directo, en una labor que todos los que lo seguimos recordamos aún por su rigurosidad.

Ejemplos exitosos de lo contrario, de aquéllos que habiendo sido “sólo” presentadores han ampliado su campo de acción y se han introducido en un formato más amplio y flexible son los de Iñaki Gabilondo (CNN+) y Vicente Vallés (24 Horas de TVE). En ambos casos, los espectadores pueden disfrutar de algo más; de periodistas que demuestran que se mueven bien en todos los terrenos. Algo parecido pero en radio es lo que ocurre con Angels Barceló, que mientras en Tele 5 estaba encorsetada en el papel de presentadora de informativos, ahora al frente de Hora 25 en la Ser demuestra su capacidad para dar mucho más juego.

Estaría bien ver a esos auténticos líderes de la información en otros formatos. Sería una pena desperdiciar todas sus capacidades y emplearlas únicamente en presentar.